Tambien Hay Hombres Maltratados

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Tambien Hay Hombres Maltratados

Mensaje  nata_cadiz el Jue Feb 17, 2011 2:03 pm

A

hora, con la inapreciable ayuda de los sistemas judiciales, pueden darse el gustazo de hundirnos, sacarnos un buen dinero, quitarnos a los hijos y hasta encarcelarnos. Aunque te parezca mentira.

No sólo existe la mujer maltratada, sino también los hombres maltratados. Ni ellas son tantas, ni ellos tan pocos. En muchos países, el número de hombres que reciben malos tratos de sus parejas es prácticamente similar al de las mujeres, cuando no mayor.

En los Estados Unidos, por ejemplo, el número de hombres maltratados por sus esposas supera al de las mujeres golpeadas por sus maridos, mientras que en España, la carga está pareja, lo que ha motivado a un grupo de hombres de este último país a crear una plataforma institucional con miras a revertir esa tendencia.

Un hombre maltratado es aquel que es habitualmente agredido, en forma física o verbal, por su pareja. Por el tipo de sociedad patriarcal en la que vivimos, la golpeada suele ser la mujer. A un hombre le cuesta admitirlo.

Los hombres maltratados no se atreven a denunciar estos hechos, porque los ven como algo que puede afectar a su hombría.
La percepción común es que los hombres nunca son las víctimas de la violencia doméstica. Para resolver el problema debemos liberarnos de este tabú y tener un acercamiento más equilibrado al problema.

Como sucede con la mayoría de los problemas de violencia familiar, la situación empeora día tras día y los maltratos aumentan puertas adentro y con más de un cómplice. Si bien cuando se habla de violencia familiar se suele pensar en la agresión física, el maltrato verbal o psicológico es a veces mucho más doloroso.

Testimonios

Caso 1:

Al principio, cuando empezamos, me gritaba. Desde entonces, ya se le veía venir, pero uno siempre tiene la esperanza de que se va a adaptar, de que puede cambiar… Luego, te das cuenta de que no es así. Empezó a pegarme y a tirar todo lo que encontraba. Habia momentos en los que se transformaba y se ponía hecha una furia. Intenté arreglarlo yendo a un psicólogo con ella, pero sólo acudimos dos veces porque vio que las conversaciones se querían reconducir hacia su agresividad. Y también creí que me merecía todo lo que me hiciera. Sin embargo, hubo una vez en que comprobé que realmente tenía problemas psicológicos y yo no tenía la culpa de que reaccionara de aquella manera.

Caso 2:

Me insultaba habitualmente, me gritaba y me hacía chantaje. Desde que nació nuestro primer hijo, me amenazaba con dejarme sin él si no atendía a todos sus caprichos y me ponía a sus pies. Me sentía constantemente menospreciado. Un día fue a mi lugar de trajo y me pegó delante de todo el mundo. Puede no parecer muy fuerte, pero al final uno se termina creyendo que todos los defectos que se le achacan son reales y queda absolutamente mermado. Hasta que se para a pensar y decide que o realmente su mujer ha elegido al peor hombre que había o nada de eso es cierto. Para recuperar la autoestima es necesario hacer grandes esfuerzos y convencerse así mismo de que aquello que te dicen no es verdad.

Caso 3:

Desde el día siguiente a nuestra boda, comenzó a agredirme. Creo que iba a por mí, a cazar una casa, algo de dinero y quitarme de en medio cuanto antes. Es una mujer muy consentida, se lo han dado todo en la vida, incluso grita a su madre. Ahora, después de todo lo que he pasado con ella, estoy convencido de que alberga malos sentimientos. Me ha arañado en bastantes ocasiones, y me tiraba todo lo que encontraba a mano, fuera lo que fuese: un aspirador, el palo de la escoba, un plato… Nunca la denuncié.

Caso 4:

Un día en la comida, discutimos porque ella quería venir a un partido de tenis, a pesar de que nunca le había interesado el deporte. De pronto, se volvió loca y me clavó el tenedor en el pecho. No era la primera vez que me agredía, llevaba un año torturándome, pero aquello fue lo que me hizo reaccionar. Interpuse una denuncia por malos tratos y ella se fue de casa con mi hijo ocho días antes del juicio, que tardó ocho meses en celebrarse. Tuve que esperar 20 días para poder verlo. Hasta el juez la declaró culpable y la condenó, a una multa de 150 euros. Los actos se produjeron delante de el niño, que obviamente se puso a llorar, pero lo peor no es eso, lo peor es que también lo pega a él. Aunque hasta el último año no me había puesto una mano encima, antes me insultaba y me era infiel constantemente. Yo era el que cuidaba al niño, ella nunca se levantó por la noche para cambiarlo ni darle el biberón, jamás lo dio de comer, ni se preocupó por él. También era yo el que se ocupaba de la casa. Cuando volvía del trabajo me obligaba hacer la limpieza, pero ella estaba todo el día en el piso sin hacer nada.

Caso 5:

Mi padre me enseñó a respetar mucho a las mujeres y jamás se me habría ocurrido ponerle una mano encima, pero ella, en cambio, era violenta. Organizaba escándalos en la calle. Se quejaba de que estaba poco tiempo con ella y mi hijo por mi trabajo, además pensaba que le era infiel con nuestra madrina de boda, y tenía la paranoia de que me drogaba. Siempre intentaba solucionar las cosas hablando y le perdonaba cada vez que me agredía, con la esperanza de que la nuestra fuera una relación normal; pero me temo que ella no me quiere, aunque yo a ella sí, incluso ahora. Aquella denuncia no sirvió para nada, excepto para darle la idea a ella que me acusó de agarrarle muy fuerte del brazo y amenazarla de muerte. Debió de decidir que ya no le apetecía seguir conmigo. Ahora no puedo ver a mi hijo. El me echa de menos, y a mí me han quitado media vida.

Caso 6:

Mientras estuvimos juntos, solía gritar, y, de vez en cuando, me levantaba la mano. También me insultó en alguna ocasión, supongo que es lo que aprendió en casa porque se lo he visto hacer a su madre. Decidí separarme por nuestra hija, para que no creciera en un ambiente de hostilidad. Me engañaba para que no pudiera ver a la niña el día que me tocaba entre semana, que, al final, sólo eran cuatro horas, desde que salía del colegio hasta las ocho. Le puse una denuncia por no respetar el régimen de visitas y ese mismo día ella me puso otra por maltrato psicológico. Me encerraron y estuve cuatro horas en un calabozo como si fuera un delincuente. Los hombres no somos nada y, con esta nueva ley contra la violencia de género, menos. No digo que las mujeres maltratadas no merezcan que se acabe con su situación, pero que sólo denuncien las que realmente sufren agresiones físicas o psíquicas. Es normal que los jueces tengan miedo de no hacer caso a una denuncia de una mujer porque luego ocurre que el hombre va y las mata.

La violencia contra los hombres también existe. ¿Eres víctima de malos tratos o de denuncias falsas?. No calles más tiempo. Vence tu miedo y vergüenza.

nata_cadiz
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