Patologías Del Amor

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Patologías Del Amor

Mensaje  nata_cadiz el Miér Feb 16, 2011 2:33 pm

Patologías del amor

La palabra amor es polisémica, tiene muchos significados, y además puede estar dirigida a "objetos" muy diversos, decimos con ella cosas tan dispares como "hacer el amor", "amor a la patria" y "amor a Dios". Estamos pues, obligados a delimitar el tema. Hablaremos del amor en tres facetas: erotismo, enamoramiento y amor propiamente dicho. Se corresponderían con tres niveles ascendentes de sentimientos: los sentimientos sensoriales, los vitales y los psíquicos.

Es muy distinto hacer el amor cuando hay amor, ternura, afectividad, que practicar el sexo.
Eros, en la mitología griega, es el más antiguo de todos los dioses porque no tiene ni padre ni madre. Así lo dice Platón en 'El banquete' cuando Fedro expone su discurso en aquella reunión. Lo mítico esconde siempre una significación profunda y en este caso se sugiere que Eros está en el origen de todo, sería una especie de potencia universal. Sin entrar en detalles, la mayoría estaremos de acuerdo que el erotismo, la atracción sexual instintiva entre un hombre y una mujer es el principio y la causa de la generación. Existimos por Eros, existimos por amor.

Este amor sensorial, erótico, ha mantenido siempre, al menos en nuestra cultura, una posición problemática. Por un lado ha sido demonizado, tachado de impuro, considerado enemigo del alma —recuerdo aquello que me enseñaron a recitar de pequeño, cuando aún en mi inocencia no podía entender su significado: "Los enemigos del alma son tres: el mundo, el demonio y la carne"—. Por otro lado, ha sido ensalzado, considerado esencial y prioritario para la salud psíquica y la felicidad —sólo hay que recordar al viejo Freud y su psicoanálisis que tanta influencia sigue ejerciendo—. Creo que ha ocurrido lo que tantas veces, hemos pasado de un extremo al otro por la maldita ley del péndulo. Lo que está por llegar es el equilibrio, la síntesis, la mesura, la distancia adecuada.

El erotismo, como todo lo placentero, puede convertirse en objeto de adicción. Y la adicción es siempre limitadora, merma nuestra libertad y condiciona negativamente nuestro crecimiento como personas. Hay una adicción al sexo que es toda una patología en ascenso y que padecen cada vez más individuos en nuestra sociedad. Y hay un pansexualismo cultural que banaliza todo el amor y que es toda una patología social. Es obvio que el erotismo, el "amor" exclusivamente sensual, puede darse solo, sin que se acompañe de otro tipo de amor, esto es, sin que haya enamoramiento, ni amistad, ni mucho menos espiritualidad alguna. Pero también resulta obvio que el erotismo puede integrarse con los otros tipos de amor, y cuando esto ocurre es más, mucho más. Nuestra sociedad al fomentar desmesuradamente el erotismo tiende a la disociación del amor. Esto es mucho más fácil de encontrar en los hombres, lo que probablemente obedezca a razones de toda índole, incluidas las biológicas. Creo que en las últimas décadas, por un mal entendido afán de igualación, muchas mujeres caminan desgraciadamente por el mismo derrotero.

Un erotismo sano no es enemigo de nadie

Es muy distinto hacer el amor cuando hay amor, ternura, afectividad, que practicar el sexo. Cuando no hay un Tú, cuando no hay un Nosotros, sólo son dos espasmos, dos soledades. Y después del deseo abrupto, del fuego que devora, llega una paz repentina, una ausencia de hambre, que parece una muerte. Nunca nos colma, nunca nos llena, porque el placer es un río pequeñito que inútilmente pretende llenar un abismo. De la fuente misma de los placeres, surge no sé que amargura que aún en los momentos más bellos se apodera de los amantes, decía Lucrecio. Cuando el erotismo se da integrado en el amor, todo cambia, y ya no hay ni adicciones, ni disociaciones, es pura salud. Un erotismo sano no es enemigo de nadie, aunque algunos se hayan empeñado y aún se empeñen en demonizarlo. Basta que algo instintivo se prohíba para que atraiga mucho más, porque todo lo prohibido adquiere un carácter morboso que seduce a muchas personas. Además, los que se empeñan en prohibir hasta el más mínimo atisbo de erotismo y los que siguen rígidamente dichas prohibiciones, caen en una represión que constituye otra patología a la que podríamos llamar obsexión, o mejor obsexxxión. Y es que no conviene poner puertas al campo.

Por encima de los sentimientos sensoriales encontramos los sentimientos vitales. También tienen correlato corporal pero no localizado, sino difuso y generalizado. Lo vital es fronterizo entre lo somático y lo psíquico, la costura entre el cuerpo y el alma. El amor vital se ancla en lo corporal-biológico y comienza la ascensión hacia lo psíquico-anímico. Es el amor que llamamos enamoramiento. Cuando estamos enamorados sentimos un revuelo en el pecho, el cuerpo está más ligero, pareciera que pesáramos menos, todo brilla más. Nuestra manera de estar en el mundo cambia, se altera, se trastoca. Quizás es lo que quería expresar el poeta cuando cantaba aquello: "Amo los mundos sutiles, / ingrávidos y gentiles / como pompas de jabón". Así es el enamoramiento, una pompa de jabón. Redonda, esférica, suave, sensual, colorista, ingrávida, mágica, bella... y efímera.

En el nivel psicológico la transformación es tremenda, radical. En el enamoramiento se produce una idealización masiva de la persona amada. Proyectamos sobre ella todo tipo de virtudes, descubrimos que es un ser perfecto, único y completo. Cuando estamos en su compañía nada nos falta y en su ausencia todo es carencia. Ella (o él) lo es todo. Y todo esto se produce sin que apenas conozcamos a la persona amada, por eso es proyección, por eso es idealización, por eso es virtual, por eso es ilusión. Y por eso, alguien ingenioso dijo aquello de que el enamoramiento es un estado psicótico transitorio. Hay algunos ¿afortunados? que aseguran vivir durante toda la vida enamorados de su pareja. El ejemplo literario de ese enamoramiento idealizante-proyectivo, sin rastro alguno de conocimiento, es el de Don Quijote con su Dulcinea, a la que por cambiarle le cambia hasta el nombre, ella era Aldonza Lorenzo. También lo son Romeo y Julieta, que en un segundo, en la primera mirada, sin hablarse siquiera caen fulminados por Cupido. Cervantes mata a Don Quijote, primero, y al hidalgo Alonso Quijano, después, sin haber convivido, el uno, con su amada Dulcinea, y al otro, sin conocer apenas a su Aldonza Lorenzo. Y William Shakespeare, que sabía del poder de la tragedia, suicida a los dos adolescentes en el cenit de su enamoramiento. Pero cambiemos por un momento el final de la historia e imaginemos a Romeo convertido en el marido de Julieta, o a Julieta señora de Romeo Capuleto, y no recién casados sino tras siete u ocho años de matrimonio. Ciertamente, lo que sentirían el uno por el otro sería muy distinto. El enamoramiento es generalmente efímero, y lo hubiera sido así hasta en Romeo y Julieta.

Hay personas que no saben vivir fuera del amor

En el enamoramiento se produce una idealización masiva de la persona amada.
Hay algunas personas que van de relación en relación, de enamoramiento en enamoramiento, porque no saben vivir fuera de ese estado. Sus relaciones amorosas nunca son prolongadas porque cuando llega el conocimiento y se rompe la idealización, cuando el enamoramiento desaparece, se entristecen, entran en crisis y abandonan el barco. Tienen una adicción al enamoramiento, y, cuando se rompe la pompa inmediatamente quieren crear otra. Suelen ser personalidades inmaduras y muy seductoras, con una alta necesidad de estimación y atrapadas en la dinámica del deseo. Hay algo que les fascina aún más que desear: ser deseadas No resulta fácil verlo porque a simple vista parece lo contrario, pero el enamorado no ama al otro, sólo ama la proyección que hace sobre el otro. Ama a un espejismo que él mismo, inconscientemente, recrea. No ama a algo real, sino ideal. Ama a "su" ideal. El enamoramiento, el flechazo del travieso Cupido es súbito, inmediato, sin conocimiento previo. El amante queda prendado de alguna característica de su amada, pudiera ser su sonrisa, el brillo de su mirada, las facciones de su cara, su cuerpo, su aspecto... pero en todo caso conoce sólo un aspecto parcial, sobre el cual proyecta su ideal. Lo que ama es más cercano a un yo que a un tú. De hecho, si este enamoramiento se mantiene en la distancia, si el amante no llega a conocer realmente a su amada, si se dan circunstancias del tipo que fueren que impiden el trato íntimo entre ellos, entonces la relación quedará fijada en ese estado de idealización. Es el amor "platónico", que quizás se llame de esa forma no porque Platón amara así, sino por referencia a su mundo de las ideas.

El amor sensorial, el placer sexual era, además de sentimiento sensorial, una emoción. El amor vital, el enamoramiento es, además de un sentimiento vital, una pasión. Las pasiones son vivencias afectivas muy intensas que se erigen en el centro del psiquismo y tienen la capacidad de modificar la realidad, de producir una transformación en la manera de percibir y de interpretar la realidad exterior. Una transformación que podía llevar en casos extremos al delirio, a la locura. Es este amor pasión, este sentimiento-vital-pasional del enamoramiento, el que todos buscan, al que elogian todos los poetas, el que está en todas las canciones, el que tanto deslumbra. Aute le llama la locura que todo lo cura. Y Silvio Rodríguez suplica: "Y que Dios me libre de cordura". A mí, sin embargo, no me fascina, me parece más que brillante, brilloso; y desconfío de él como de todo lo virtual. En la palabra castellana se esconde el sentido de lo que quiero expresar: enamoramiento = en-amor-miento. Y por eso suelo decir con frecuencia que no conviene casarse enamorados.

Que el enamoramiento es un estado psicótico no es sólo una frase ocurrente; bioquímicamente la locura y el enamoramiento son similares. Hoy sabemos que el enamoramiento se acompaña de un aumento en la actividad de la dopamina en el sistema nervioso central y que los brotes psicóticos cursan igualmente con una hiperactividad dopaminérgica. La bioquímica da la razón a los poetas cuando comparan la pasión amorosa con la locura.

Amas a quien conoces y te enamoras de quien aún apenas conoces

Amar es muy distinto a estar enamorado. El amor y el enamoramiento son sentimientos casi opuestos en algunos sentidos. Amas a quien conoces y te enamoras de quien aún apenas conoces. El enamoramiento es emoción pasional, mientras que el amor es sentimiento apacible. El enamoramiento tiene mucho de virtual, el amor es mucho más real. El enamoramiento es efímero, transitorio, mientras que el amor tiende a ser duradero y estable. El amor tiene vocación de eterno, el enamoramiento se cree eterno mientras dura. El enamoramiento se parece a los fuegos artificiales, explosivos, brillantes, espectaculares y estruendosos. El amor es como una noche estrellada: silenciosa y serena. Para amar hay que salir de uno mismo, conocer y querer a un otro real, cargado de virtudes y de defectos. Para estar enamorado no es necesario todo eso, es mucho más fácil, ni siquiera hay que salir del yo.

En el camino de la ascensión hemos llegado al tercer nivel. Y ahora, sí tomamos altura. En el primer escalón, en el amor sensorial, vivenciábamos una emoción intensa que nos procuraba un placer sensual. Lo breve, intenso y placentero nos puede llevar a una dinámica de evasión-adicción, y por eso algunas personas viven el sexo como una droga. En el segundo escalón, en el amor vital, en el enamoramiento, sufríamos una pasión que nos llevaba a la idealización ciega. Todo cambia, todo se transforma, vivimos en otro mundo. El enamorado padece una especie de trastorno psicótico agudo, que afortunadamente es transitorio. Aunque hablemos de tres escalones no es del todo adecuada la imagen. Los tres amores pueden darse simultáneamente. Hay parejas muy afortunadas que se aman, que además conservan en parte el enamoramiento y que, por si fuera poco, se desean sexualmente. La simultaneidad de los tres amores no es la suma de los tres, el resultado es distinto a la suma de los sumandos. Cuando el erotismo y el enamoramiento se suman al Amor, necesariamente se produce una transformación en ellos. Eros y Cupido crecen en la ausencia y decrecen con la satisfacción y con la presencia. El Amor, sin embargo, es y crece con la presencia. El amor es sentimiento pero también es conocimiento y voluntad. Es un darse que exige renuncia. Es salir del yo, para descubrir un tú y formar un nosotros.

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